Mágicamente - I Festival Internacional de Neuromagia

A pesar de ser un arte tan antiguo como la humanidad, la magia nos sigue fascinando. Nos seduce lo imposible, aún sabiendo que estamos siendo engañados. Sin embargo, el truco no está en el mago, sino en nuestro cerebro. Somos nosotros mismos los que construimos la ilusión de estar presenciando un prodigio.

Aunque creamos que todo lo que percibimos y sentimos es real, no lo es. Es nuestro cerebro quien construye nuestra experiencia de la realidad hasta cierto punto. Y, precisamente, en ese cruce de caminos, cuando la realidad objetiva y la percibida se desajustan de una forma significativa, es donde reside la magia.

Los magos hace siglos que saben que los procesos de percepción atención y consciencia responsables de percibir el mundo en los humanos son limitados y manipulables. De esta forma, se han adelantado en muchos casos a los científicos, realizando observaciones y diseñando -a través de un largo proceso de ensayo, prueba y error-, situaciones sensoriales y cognitivas que hacen que el cerebro acabe engañándose a sí mismo.

Ahora los neurocientíficos están llegando a conclusiones que los magos ya habían intuido. Por ello, desde hace unos pocos años, algunos investigadores han empezado a pedir ayuda a los profesionales de la magia para conocer más sobre las limitaciones del cerebro humano. Y, por suerte, son muchos los ilusionistas que están poniendo a disposición de los neurocientíficos sus conocimientos, desvelando sus secretos y ayudando a diseñar en el laboratorio experimentos más sólidos y reveladores.

De este modo, ha surgido una nueva disciplina: la neuromagia. Una nueva especialidad que pretende estudiar de un modo científico los trucos realizados por ilusionistas en busca de claves que permitan entender cómo funcionan algunos de los circuitos neuronales y procesos cognitivos implicados en la construcción de nuestra propia versión de la realidad y, especialmente, en aquellos procesos relacionados con la atención y la percepción visual, un terreno en el que los magos se saben mover con extraordinaria eficacia, pero que la ciencia aún no comprende del todo.

Gracias a esta reciente interacción entre disciplinas, pertenecientes a mundos aparentemente tan distintos como el arte y la ciencia, se están haciendo en los últimos años importantes descubrimientos sobre los engranajes del cerebro; avances que pueden tener revolucionarias aplicaciones en el tratamiento de trastornos de la atención y del aprendizaje o en procesos de deterioro cognitivo provocados por enfermedades como el Alzheimer.

No deja de resultar paradójico que el arte de lo imposible, de la ilusión y del engaño, esté ayudando a hacer realidad el sueño de comprender uno de los mayores misterios de la humanidad: nuestra mente.

El cerebro en la chistera